Especialista en Medicina Familiar y Comunitaria. Experta en Psiconeuroinmunología.

¿Puedo tener SIBO?

En los últimos años parece que se ha puesto de moda hablar de SIBO, siglas que corresponden en inglés a “Small Intestine Bacterial Overgrowth”, cuya traducción sería sobrecrecimiento bacteriano en intestino delgado. Es decir, presencia excesiva de bacterias en una zona del aparato digestivo en la que no deberían estar.

A pesar de que cada día vamos conociendo un poquito más acerca de esta situación clínica, también somos más conscientes de que el camino por recorrer en cuanto a su conocimiento aún es muy largo.

Lo habitual, es que en el intestino delgado de una persona sin patología,  la presencia de bacterias sea relativamente pequeña.
Esto se debe a diferentes factores como la función de las enzimas pancreáticas o de la bilis, los movimientos intestinales, la actividad de la inmunoglobulina A o la presencia de una cantidad adecuada de ácido clorhídrico.

Sin embargo, en una persona con SIBO podemos apreciar cifras superiores a 10 elevado a 3 UFC (unidades formadoras de colonias) en el intestino delgado proximal.

El SIBO se postula como una de las posibles causas del Síndrome del Intestino Irritable y es una de las patologías que puede provocar la permeabilidad intestinal a largo plazo.

Incluso, en los últimos estudios se ha demostrado que organismos como las arqueas también pueden ser las causantes y por lo tanto hasta el nombre puede no ser el más apropiado.

¿Cuáles son los síntomas del SIBO?

El SIBO puede producir sintomatología que consideramos muy inespecífica (náuseas, hinchazón abdominal, diarrea o estreñimiento, dispepsia, etc), por eso suele tener un diagnóstico bastante tardío. Sin embargo, podemos afinar un poco más según el microorganismo que esté causando este sobrecrecimiento:

En el caso del SIBO por arqueas los pacientes suelen tener más tendencia al estreñimiento y la obesidad, pueden presentar alteraciones bucales e incluso el pH de sus heces será más bajo. Por el contrario, cuando el SIBO tiene origen bacteriano, la diarrea, la delgadez, la distensión del abdomen nada más comer y las heces con un pH más ácido son lo más común.

¿Cómo se diagnostica el SIBO?

Para diagnosticarlo, se utiliza el test del aliento.

Es necesario aclarar que debe realizarse tanto para hidrógeno como para metano, ya que en el caso de que el origen sea una presencia excesiva de bacterias, lo más frecuente es que en el test se encuentre elevado el hidrógeno; mientras que las arqueas elevarán con mayor probabilidad el metano.

¿Qué tratamiento tiene el SIBO?

Para el tratamiento del SIBO se pueden emplear antibióticos convencionales (como la rifaximina combinada o no con neomicina para aumentar la efectividad) o antibioterapia natural (orégano, ajo…) cuya efectividad es similar.

Pero independientemente del tratamiento antibiótico que elijamos, es importante que no nos olvidemos de tratar el contexto que ha provocado que el paciente lo desarrolle, porque uno de los grandes problemas del SIBO es la cantidad tan alta de recidivas que presenta (aproximadamente vuelve a aparecer en el 50% de los pacientes).

Para ello debemos asegurar que la secreción de bilis y el movimiento intestinal sean adecuados. Esto se puede conseguir con hábitos tan sencillos como tomar una cucharada de aceite de oliva virgen extra antes de las comidas y espaciar las ingestas al menos cuatro horas entre ellas.

Estas horas de descanso digestivo permiten que el complejo migratorio motor intestinal (el barrendero del intestino) pueda llevar a cabo su maravillosa función evitando que los microorganismos proliferen en exceso.

La famosa dieta baja en FODMAP (Fermentable, Oligosacáridos, Disacáridos, Monosacáridos y Polioles) a pesar de que genera una mejoría sintomática considerable de forma rápida, no es muy aconsejable mantenerla más allá de un par de semanas de forma estricta. Las fibras fermentables que estos alimentos aportan, también generan una serie de ácidos grasos de cadena corta muy beneficiosos para nuestro intestino grueso. Por ello, pasadas estas dos semanas iniciales, lo aconsejable es ir reintroduciendo estos alimentos según se vayan tolerando.

Además, es importante repoblar nuestro intestino con microorganismos beneficiosos para nosotros. Por ello, es útil emplear probióticos y prebióticos como complemento final del tratamiento.

Teniendo en cuenta todo esto, podemos concluir que para acabar con el SIBO necesitamos buscar los factores que lo originan para poder abordarlos de raíz y evitar así que reapareza una y otra vez.

 

¿Crees que puedes tenerlo y quieres eliminarlo de tu vida?

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